Todo me huele a ti
Y todo me sabe a ti
Y todo lo que oigo me recuerda a ti
Y... tengo ganas de verte
lunes, 5 de julio de 2010
jueves, 1 de julio de 2010
Aprender
A lo largo de mi vida he sido muy ingenua, enteramente apasionada, profundamente entusiasta, íntegramente activa y totalmente incansable, donde he vivido emociones, abarrotado de situaciones difíciles. Me he tomado tiempo de desconexión que me concedía esquivar fugazmente el mundo. He conocido a personas que me empujaban hacia problemas y mostraban la más brillante (y falsa) faz de su cara ante mí pero también excelentes y gratificantes personas que en cierta medida me llevaban a ser mejor persona. He tomado decisiones: unas duras con poco fin y otras echadas al azar realmente importantes. He luchado en duras guerras, complicadas batallas, arduos conflictos, delicados enfrentamientos, estúpidas peleas, triviales conflictos e importantes contiendas. He caminado, me he movido, he parado, he descansado, he saltado, he reído y he llorado. En definitiva, he vivido lo más plenamente posible. Y en todo el tiempo no conseguí ni la mitad de lo que tú me has proporcionado en cuatro días.
jueves, 17 de junio de 2010
Prefiero recordar
Va a ser mucho tiempo, más de dos meses… No quiero echarle de menos, ni que me eche él de menos a mí. Ni estar llorando por las esquinas contando los días que quedan para verle otra vez. Pero creo que es inevitable que cuando una persona, sentimentalmente ha sabido llegar a ti, aunque sólo sea mediante un roce, es imposible no desarrollar una serie de acciones y sentimientos como consecuencia de ello. Vamos, que no cabe dentro de la lógica no notar un hueco en tu vida tras la marcha de una persona.
Y la rabia me inunda por ello, porque prometí no adherir el deseo con el querer y la pasión con los besos, aunque más que la rabia por desencadenar una serie de sensaciones tales, me acorrala el miedo. Y lo peor de todo es que este cada vez se va adueñando más de la situación. A medida que pasa el tiempo, muy lento por cierto, el miedo va creciendo y creciendo.
¿Miedo de qué? Miedo de qué cada vez le eche más de menos, miedo de que él no se acuerde de mí en todo este tiempo, de perderle sin quererlo, incluso de no volverle a ver. Miedo de que haga una nueva vida y no le reconozca, o de que se vuelva aún más guapo, o de que no pueda soportar su ausencia y un día me vuelva más loca de lo que ya estoy. Miedo no recordar con exactitud su corte de pelo, o de que no sea capaz de escuchar en mi cerebro el timbre de su voz, o de no encontrar en la retina de mi mente su sonrisa, de no reconocer sus gestos, de descuidar su recuerdo, vamos, de olvidarle. A fin de cuentas, no me importa que él se olvide de mí, de hecho me parece bien, que haga su vida. Pero yo no me puedo permitir olvidarme de la única persona que consiguió cambiar mi actitud vital (aunque fuese ligeramente).
Y sé que olvidar tiene muchas ventajas. Te libera del pasado y te proporciona la formación de un buen futuro, elimina mucha nostalgia y además bueno, supongo que te desprende de muchas ideas absurdas. Pero resulta que por primera vez en mi vida prefiero recordar, aunque duela un poco.
Y la rabia me inunda por ello, porque prometí no adherir el deseo con el querer y la pasión con los besos, aunque más que la rabia por desencadenar una serie de sensaciones tales, me acorrala el miedo. Y lo peor de todo es que este cada vez se va adueñando más de la situación. A medida que pasa el tiempo, muy lento por cierto, el miedo va creciendo y creciendo.
¿Miedo de qué? Miedo de qué cada vez le eche más de menos, miedo de que él no se acuerde de mí en todo este tiempo, de perderle sin quererlo, incluso de no volverle a ver. Miedo de que haga una nueva vida y no le reconozca, o de que se vuelva aún más guapo, o de que no pueda soportar su ausencia y un día me vuelva más loca de lo que ya estoy. Miedo no recordar con exactitud su corte de pelo, o de que no sea capaz de escuchar en mi cerebro el timbre de su voz, o de no encontrar en la retina de mi mente su sonrisa, de no reconocer sus gestos, de descuidar su recuerdo, vamos, de olvidarle. A fin de cuentas, no me importa que él se olvide de mí, de hecho me parece bien, que haga su vida. Pero yo no me puedo permitir olvidarme de la única persona que consiguió cambiar mi actitud vital (aunque fuese ligeramente).
Y sé que olvidar tiene muchas ventajas. Te libera del pasado y te proporciona la formación de un buen futuro, elimina mucha nostalgia y además bueno, supongo que te desprende de muchas ideas absurdas. Pero resulta que por primera vez en mi vida prefiero recordar, aunque duela un poco.
sábado, 5 de junio de 2010
Un hasta luego
Sé que no le voy a ver en mucho tiempo.
Y me produce cierto sentimiento de pena, porque me encanta verle sonreir, oirle hablar, escuchar su graciosa voz y contemplar como una tonta los movimientos que hace con su mano. Pero nada comparado con la satisfacción de libertad que me causa no estar condicionada a verle, poder controlar, como siempre he hecho, mis sentimientos.
Aunque en el fondo sé que es sólo una estupida forma de autoconvencerme de que va a ser bueno no verle durante un tiempo. Porque resulta que no me importa condicionar ciertos aspectos de mi vida por él, incluido el hecho de no dirigir mis ideas y no mandar sobre mis sentimientos.
Pero es lo que hay, así que, aquí paz y en Septiembre gloria
Y me produce cierto sentimiento de pena, porque me encanta verle sonreir, oirle hablar, escuchar su graciosa voz y contemplar como una tonta los movimientos que hace con su mano. Pero nada comparado con la satisfacción de libertad que me causa no estar condicionada a verle, poder controlar, como siempre he hecho, mis sentimientos.
Aunque en el fondo sé que es sólo una estupida forma de autoconvencerme de que va a ser bueno no verle durante un tiempo. Porque resulta que no me importa condicionar ciertos aspectos de mi vida por él, incluido el hecho de no dirigir mis ideas y no mandar sobre mis sentimientos.
Pero es lo que hay, así que, aquí paz y en Septiembre gloria
sábado, 29 de mayo de 2010
Me cuesta decirlo
Creí que sería imposible volver a activar mis sentimientos, o sea, no unos sentimientos cualquiera: el cariño, el afecto, la amistad... esos ya están activados, esos funcionan sistemáticamente y no quiero apretar el off. Me refiero a otros, más intensos, más de dentro, más difíciles de explicar. Uns sentimientos que creí que había muerto para siempre. Pueden haber aparecido personas, me pueden haber dicho muchas palabras bonitas, incluso he hecho infinidad de cosas, todas ellas estupendas y fantásticas. Pero no me ha proporcionado lo que me proporcionas tú ahora, ni esas palabras me hacían sentir lo mismo ni lo que hacíamos me daba esta alegría...
Y yo, como soy tan mecánica, me daba miedo. Intentaba alejarme de ti y decir, no, déjalo pasar, no es nada, olvídate. Lo intenté, de verdad, quise hacerlo. Me creía que no podía ser, que yo... bueno que yo sintiese algo por alguien.
Pero fue imposible, porque mi subconsciente pensaba en ti, se imaginaba cosas, proyectaba ideas, situaciones, palabras. Cuando te voy a ver, me inundo de alegría, y me visto con la mejor de mis sonrisas, inevitablemente, y me siento mejor persona y además, la más afortunada, pero no porque me des un beso, y porque me mires con tu cara o porque me sonrias, simplemente por el hecho de que aparecieses en mi vida. Porque aunque me cueste decirlo, te qui... ¡pues eso!
Y yo, como soy tan mecánica, me daba miedo. Intentaba alejarme de ti y decir, no, déjalo pasar, no es nada, olvídate. Lo intenté, de verdad, quise hacerlo. Me creía que no podía ser, que yo... bueno que yo sintiese algo por alguien.
Pero fue imposible, porque mi subconsciente pensaba en ti, se imaginaba cosas, proyectaba ideas, situaciones, palabras. Cuando te voy a ver, me inundo de alegría, y me visto con la mejor de mis sonrisas, inevitablemente, y me siento mejor persona y además, la más afortunada, pero no porque me des un beso, y porque me mires con tu cara o porque me sonrias, simplemente por el hecho de que aparecieses en mi vida. Porque aunque me cueste decirlo, te qui... ¡pues eso!
viernes, 21 de mayo de 2010
Duras experiencias
Tengo esa sensación estúpida, un atisbo de felicidad penetra en tu cuerpo, sin un motivo consistente.
Esa increíble sensación de reírse porque sí, de sonreír a la vida, de mostrarte optimista incluso en las peores sensaciones.
Ese sentimiento de superación, que no importe nada. Que trepas a los cielos en las más difíciles soluciones.
He pasado dolorosos momentos, situaciones en las que le he demostrado al mundo y a mí misma la fuerza interior que tengo, duros tragos que casi me cortan la respiración, donde me ha costado seguir, donde a cualquier persona le hubiese costado seguir.
Pero siempre tuve un sentimiento de confianza, creía ciegamente en que todo saldría bien, dentro de lo que cabía, y así fue.
Y hoy me doy cuenta de que todo ese positivismo es extremadamente necesario en mi vida, sin él, todo hubiese sido mucho más difícil.
Ese positivismo que te plantea las cosas más remotas, ese positivismo que es como la fe, sólo puedes creerlo, pero que te levanta con fuerza en las peores situaciones. Que te muestra esperanza y te ofrece un último trago cuando la botella quedó vacía.
Ese positivito que revisa al entorno, que lo olfatea, palpa, siente, huele, mira, observa, prueba y oye y que tras ello genera un veredicto agradable y óptimo. Que te da la posibilidad de ser feliz.
Vivimos rodeados de situaciones, experiencias, movimientos, acciones, sensaciones, ilusiones… que generan una percepción en nosotros, que forman de alguna manera nuestros sentimientos, que organizan nuestra cabeza y está en nosotros mismos darle uno u otro significado.
A fin de cuentas, todo lo malo se pasa, y siempre habrá algún motivo para ser feliz, que te demuestre que la vida, aunque duela, merece la pena vivirla con esmero y empeño. Y que todo lo demás no importa, mientras no te genere un mínimo de satisfacción. Nunca es tarde para ser feliz, ni para sentir placer, ni para comprender que la vida son dos días y tres cafés.
Esa increíble sensación de reírse porque sí, de sonreír a la vida, de mostrarte optimista incluso en las peores sensaciones.
Ese sentimiento de superación, que no importe nada. Que trepas a los cielos en las más difíciles soluciones.
He pasado dolorosos momentos, situaciones en las que le he demostrado al mundo y a mí misma la fuerza interior que tengo, duros tragos que casi me cortan la respiración, donde me ha costado seguir, donde a cualquier persona le hubiese costado seguir.
Pero siempre tuve un sentimiento de confianza, creía ciegamente en que todo saldría bien, dentro de lo que cabía, y así fue.
Y hoy me doy cuenta de que todo ese positivismo es extremadamente necesario en mi vida, sin él, todo hubiese sido mucho más difícil.
Ese positivismo que te plantea las cosas más remotas, ese positivismo que es como la fe, sólo puedes creerlo, pero que te levanta con fuerza en las peores situaciones. Que te muestra esperanza y te ofrece un último trago cuando la botella quedó vacía.
Ese positivito que revisa al entorno, que lo olfatea, palpa, siente, huele, mira, observa, prueba y oye y que tras ello genera un veredicto agradable y óptimo. Que te da la posibilidad de ser feliz.
Vivimos rodeados de situaciones, experiencias, movimientos, acciones, sensaciones, ilusiones… que generan una percepción en nosotros, que forman de alguna manera nuestros sentimientos, que organizan nuestra cabeza y está en nosotros mismos darle uno u otro significado.
A fin de cuentas, todo lo malo se pasa, y siempre habrá algún motivo para ser feliz, que te demuestre que la vida, aunque duela, merece la pena vivirla con esmero y empeño. Y que todo lo demás no importa, mientras no te genere un mínimo de satisfacción. Nunca es tarde para ser feliz, ni para sentir placer, ni para comprender que la vida son dos días y tres cafés.
domingo, 4 de abril de 2010
¿Cómo...?
¿Cómo se puede echar de menos algo que habías olvidado y superado? ¿Cómo es posible sentir ahogo con algo que ya sabías que iba a suceder? ¿Cómo se consigue un atisbo de alegría en tu ser con tantos entresijos y problemas circulando a tu alrededor y atropellándote hasta dejarte gravemente herido?
Tengo ganas de que todo se encauce un poco, de sonreír por algún motivo firme y sólido y no de esta forma gratuita y altruista como lo hago a día de hoy, de dejar de lado un poco las dificultades constantes que actualmente tiene mi vida. De despojarme de todo, de sentirme a mí misma tal y como soy, y descubrirme
¿Cómo lo hago?
Tengo ganas de que todo se encauce un poco, de sonreír por algún motivo firme y sólido y no de esta forma gratuita y altruista como lo hago a día de hoy, de dejar de lado un poco las dificultades constantes que actualmente tiene mi vida. De despojarme de todo, de sentirme a mí misma tal y como soy, y descubrirme
¿Cómo lo hago?
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